La decisión estratégica de las organizaciones para acudir al Outsourcing está basada en las experiencias positivas de las organizaciones que lo han usado de forma estratégica, basándose en la decisión de que la compañía pueda centrarse en la "esencia de su negocio", delegando áreas concretas a expertos externos, y liberando de esa forma recursos que pueda dedicar a aspectos básicos de su negocio.
Este paso puede dar incluso lugar a un flujo de caja positivo en forma de venta de activos, valor añadido adicional proporcionado por el proveedor externo o la mejoría experimentada en sus procesos internos como consecuencia de la mayor experiencia aportada.
No obstante, estos beneficios coexisten con una serie de riesgos potenciales que hay que tener presentes. La percepción de riesgo en torno al Outsourcing suele incluir la pérdida de control, la confidencialidad, la seguridad, y aspectos relacionados con los empleados afectados por el cambio. Los acuerdos de Outsourcing son por lo general complejos, por lo que tanto la negociación como la documentación de un contrato de Outsourcing debe ser un proceso estructurado, planificado y bien organizado que exige una dedicación de recursos por ambas partes.
Teniendo en cuenta que en la situación actual la opción del Outsourcing debe siempre formar parte de la estrategia de las empresas, la principal decisión estratégica consiste en la decisión de que procesos deben ser externalizados.